La vida continúa su curso

Como si el tiempo se parara en un espacio donde la vida fuera redonda en vez de cuadrada, donde tal vez en algún momento nuestros caminos se crucen, nuestras miradas se entrelacen y quién sabe si tal vez nuestros cuerpos se llamen. Tantas vueltas alrededor de nada, tanto tiempo quieta alrededor de todo. Sintiendo a partes iguales que perteneces y no perteneces. Tanto tiempo esperando que el reloj deje de recordarme lo rápido que pasa el tiempo, no se detiene, no da tiempo a mirar hacia atrás, pero lo cierto es que tal vez quien sabe porque me acuerdo de ti. Tanto tiempo mirando a las nubes que sientes haber perdido media vida imaginando figuras, soplando a la vida y es que, la vida, como el tiempo, no deja de girar por mucho que nosotros le demos a pause en el mando. La vida y sus engranajes no se paran para esperar por nosotros cuando nos quedamos sin aliento, continuamos escalando la cuesta cuando estamos exhaustos, cuando no queda esperanza, supongo que es porque el ser humano es capaz de tropezar tres veces al día con la misma piedra. Esa piedra que en ocasiones tiene nombre de lugares, de hombres, de rechazos, de ilusiones perdidas. Esa piedra que en ocasiones nos magulla y en otras nos parte el alma en mil pedazos.

En el adn de las cosas imposibles esta el secreto de la vida: En ese príncipe azul que nunca toca a la puerta, en esa persona cuyas cartas guardas bajo el colchón, en ese tropiezo de este verano cuya cicatriz marca tu rodilla, en esa playa en la que esperaste horas hasta que anocheció, en esos momentos de infancia jugando en el parque que tanto anhelas cada vez que pasas por los columpios, en esas ilusiones por las que tanto luchaste que al final decidiste dejar en la escalera esperando a que volviera la esperanza, en todos esos momentos por los que lloraste, por los que reíste, aquellos momentos que sentiste y no pudiste palpar, aquellas veces que soñaste con ganar y perdiste, aquellas ocasiones en las que pensabas que no lo conseguirías y no fue así, aquellos momentos en los que no confiabas y acertaste.

Andres Suarez continua cantando mientras las paredes dan vueltas, mientras la vida continua su curso, continua con cada segundo, con cada minuto que marcan nuestros corazones. Nunca pienses lo que pudiste y no hiciste, nunca te hundas en esa piedra con la que tropiezas a diario, porque el tiempo y la vida seguirán caminando aunque tu estés quieto, aunque tu estés paralizado mirando las nubes e imaginando que saltas sobre ellas. En definitiva, la vida, por mucho que nos guste o nos cueste, continua su curso, no desperdiciemos ni un minuto.

El reflejo del espejo

Iba paseando, disfrutando del aire que se entrelazaba con sus manos a la vez que el sol acariciaba sus sonrojadas mejillas. Añoraba el verano tanto como los abrazos que fueron y ya no son. Y perdió la sonrisa entre las calles mojadas de una ciudad perdida en el mapamundi de su vida. Añoraba tanto aquel tiempo que se olvidó del reloj en aquel pasado. Olvidó el significado de una bonita canción cruzando una calle, o el significado de los colores del semáforo que cada día le miran de reojo. Olvidó escribir sus pasos en aquellas paredes tintadas de color verde. Y siguieron las hojas del calendario cayendo sobre el inerte suelo. No quería que las heridas del pasado le recordasen las palabras no dichas, los abrazos no dados y las citas a las que no acudió. Sentía que había perdido la musa sin preguntar dónde o si quiera porque.

El viento resopla en las esquinas haciendo compañía a los que esperan, mientras la música de las calles sueña con el silencio más armonioso. Las aceras dibujan las biografías de aquellos que pasan. Los cristales reflejan los besos que estuvieron a punto de darse. Nada tiene sentido, pero ese nada hace que todo lo cobre, que todo tenga su significado, su momento, su lugar.

Y de pronto tras tantas reflexiones, se encontró frente a sí mismo, delante del espejo, de aquel que le había devuelto tanta incertidumbre, de aquel que nunca había tenido las respuestas a las preguntas; pero no era él, sino su reflejo más joven. El reflejo con menos arrugas, con menos ojeras y seguramente con menos edad, le pidió un consejo, le dijo que quería saber, a lo que el yo presente, respondió: “Vive cometiendo los errores que sé que vas a cometer, no cambies absolutamente nada, ni el sufrimiento más grande ni la metedura de pata más profunda, porque eso será lo que te haga llegar al presente actual, al yo, y es que aunque a veces me veas triste, o decaído, realmente estoy donde siempre quisimos estar”.

Y entonces lo entendió. Entendió que no debía preguntarle al espejo, que las soluciones no dependían del cristal viejo que colgaba de la pared, si no de él mismo.

Recuerdos

“Recién mudada paseaba por las calles de Nueva York sin instrucciones ni guiones. Las farolas seguían los pasos del baile, mientras que la lluvia cantaba por bulerías. La palabra correteaba por su mente, mientras ella, intentaba acallarla a base de sonrisas, nunca pensó en aquel pueblo que un día decidió dejar atrás.  Entre los trastos viejos, encuentra ese cacharro inútil que nunca le sirvió pero que ahora cobra más sentido que nunca, ese cacharro que provoca ríos de lágrimas sobre la alfombra. Se acurruca en una esquina y las despedidas se entrelazan con los recuerdos los recuerdos con las sonrisas de esa última cena, la cena con los anteriores y los años anteriores…”

Cuentan que una vez, en algún lugar del planeta una canción provocó el llanto, las maletas sobre la espalda son maletas llenas de recuerdos, cada parte del cuerpo tiene tatuado un nombre y cada mirada está grabada en la memoria. En ocasiones, no sabemos que lo tenemos, no valoramos los abrazos hasta que los dejamos atrás.

“De pronto se dio cuenta que se hallaba sola, en un piso vacío con vistas al pulmón verde de la ciudad. De pronto, se dio cuenta que ni su familia, ni sus amigos se encontraban tras la puerta. Y allí seguía en la misma esquina que hacia quince minutos, el stock de sus lágrimas poco a poco se agotaba, a medida que eso pasaba su cabeza iba visualizando el horizonte, su mente iba dándose cuenta que el pasado siempre va a estar ahí, pero que el presente solo estaría esos minutos, después llegaría el futuro y con él las lágrimas por no haber sabido aprovechar esa oportunidad que muchos otros quisieron tener en algún momento.”

No valoramos el presente porque sobrevaloramos el pasado mientras esperamos que el futuro borre el ayer. Permitimos que el viento borre nuestro destino porque tenemos miedo a darle alas a nuestros deseos, ya que son los únicos que nos pueden alejar de aquello que amamos ¿Qué hay por encima de los sueños?

“Tenía ante ella aquello que siempre había soñado, pero los marcos le recordaban aquello que en algún momento fue – es difícil, lo sé, sé que esto va a ser muy complicado, pero es lo que yo he elegido, he elegido vivir, luchar por aquello que deseo, decidí, en algún momento, quien sabe, tal vez en una de esas tardes de sofá o de amigos, que haría lo que para conseguir salir de la rutina, romper la monotonía, y luchar por aquello que soy y quiero ser – El ruido mental iba aclarando las nubes, pero aun no era capaz de pronunciar la palabra que convertía su antigua vida, en eso, antigua, esa palabra que iba a provocar un aire de vida, un aire de valentía, un aire de seguir adelante”

Recuerdos, son aquellos pensamiento o sentimientos involuntarios que aparecen en los momentos más inoportunos y que nos llevan a un pasado tal vez lejano, tal vez cercano. Para muchos una simple palabra, para otros un punto y aparte en sus vidas. Una palabra, mil significados, en algunas ocasiones positivos y en otros significados negativos. Para algunos gritar lo que un día fueron y para otros gritar lo que quieren ser.

“Se levantó, dejo las lágrimas atrás, comenzó a vaciar cajas, a colgar marcos, consiguió volver a soñar con volver a tener lo que un día tuvo – Ojalá sea aquello que quiero llegar a ser y así conseguir recordar el pasado con una sonrisa, ojalá los recuerdos perduren, porque gracias a lo que un día fui, estoy hoy aquí –

Y consiguió pronunciar la palabra, consiguió dejar la tristeza atrás, pensar en el camino que le quedaba por recorrer y sobretodo consiguió disfrutar cada minuto de la vida que en algún momento le habían otorgado.

Articulo escrito para YourWay Magazine en 2013.

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¿Somos aquello que elegimos?

¿Alguna vez has pensado que sería de ti si hubieras elegido el camino que te pusieron delante y no el que tu quisiste? Que hubiera sido si aquel beso robado hubiera sido correspondiendo o si aquella despedida no hubiera sido definitiva? ¿Realmente es nuestro destino el que nos marca el futuro o somos nosotros y todo lo que no hicimos y lo que no dijimos? ¿Es aquello que callamos pero que decimos con la mirada o son los eternos silencios? ¿Es física que las fichas del dominó caigan unas detrás de otras o es casualidad?

Tener esa sensación que creemos normal cuando sentimos temor, cuando sentimos miedo, pero realmente es una sensación física o simplemente somos aquel niño que se imagina que dentro de su armario hay un monstruo gigante? Comprimimos el futuro en decisiones que marcan nuestra vida y luego culpamos al destino de nuestro error, de no arriesgar cuando teníamos que haberlo hecho, de no haber tocado aquel compás con aquella guitarra que ahora nos mira desde la pared y quien sabe si nos hubiera llevado al escenario soñado. ¿Y si todo volviera a ocurrir cambiarías algo o dejarías que todo volviera a ocurrir tal y como ocurrió?

¿Fui yo o…?

La tierra mojada rodea el asfalto igual que las historias pasadas rodean nuestro presente. ¿Porque no le preguntamos a la vida porque nos llevó la corriente del amor y nos devolvió sin rostro a arenas diferentes? La melancolía dicta cada una de las letras que escribimos en los cristales mojados por las gotas del silencio. El teléfono suena y nosotros lo ignoramos. Mirando hacia el techo imaginando como tan diferente seria nuestra vida si aquella historia hubiera continuado. Contamos cada una de las baldosas del suelo buscando una mas o tal vez, una menos, como dejamos de echar, de menos y también de mas. Te obsesionas con el error, con el fui yo, o fuiste tu, o tal vez fue esa pared baja que acababa en tu espalda y se convirtió en un muro de hormigón armado que no llevaba a otro sitio si no era a tus portazos. Que fácil nos enamoramos y que difícil nos olvidamos.

Abrimos la ventana a la vida sin darnos cuenta que de golpe, por la corriente se cierra la puerta principal a nuestro propio amor. Nos disfrazamos de armaduras andantes con la intención de que cupido no pueda alcanzarnos.

¿Y que tal si le pedimos al aire que se lleve unos recuerdos como se lleva las hojas otoñales? y es que cada uno de los recuerdos que soñamos, que vivimos, que luchamos forman parte de un nosotros de ayer, de un sin nosotros del mañana. Porque tu sin mi, porque yo sin ti. Porque las cenizas de las historias que suceden a lo largo de nuestra carrera son sopladas por la fuerte ventisca del presente. Porque la realidad es que decimos todo sin decirlo, es que los errores que cometimos en alguna ocasión nos persiguen en cada noche de luna llena iluminando las pesadillas escondidas dentro del armario mientras nos aferramos a la almohada intentando que los ríos salados no empapen la noche.
Promesas incumplidas que llegan a nuestra mente, todas esas situaciones vividas en las que cambiaríamos algo que hiciese diferente el futuro, o tal vez, el hoy. Nunca lo supimos ni lo sabremos porque el ayer se quedó ahí, en el ayer, porque nuestra historia hoy, no son mas que cenizas que fueron sopladas al mar. Todo lo que dijimos en esos momentos en los que deberíamos a ver callado. Todas esos sentimientos que nos callamos cuando realmente tendríamos que haberlos regalado… No prometas aquello que no puedas dar, y que no te prometan el cielo cuando las nubes son inalcanzables.
¿Pero sabes que? No te quiero tanto, después de tanto pensarte. Después de tanto olvidarte. Después de que el café se quedase frío de esperarte.

El principe a rayas

Paseaba por las calles mojadas salpicándose las botas mientras soñaba con las estrellas que iluminaban la noche. Corría al amanecer para ver si así encontraba su destino o si tal vez se tropezaba con su príncipe de rayas. No concebía la vida sin la libertad que le otorgaban las alas trasparentes con las que había nacido. Reflexionaba sobre el mundo y las utopías, sentada en el sofá mientras las gotas corrían por los cristales de la ventana. Se pensaba perfecta hasta que la imperfección se chocó contra ella. Intentaba ser la mejor versión de sí misma mientras ni ella soportaba sus malos humores por la mañana. Salía a la calle escuchando la banda sonora de su vida mientras chasqueaba los dedos por si sus deseos se cumplían. No le gustaba decir adiós y mucho menos decir hola. Y por ello, pensaba que sería la loca de los cuarenta gatos a los cuarenta. Pero un día de buena mañana llegó alguien, llegó ese príncipe a rayas. Y todo cambió. Y sintió que se perdía entre sus deseos y la pasión. Y quiso frenar los meses y los segundos. Tan a disgusto estaba que el tiempo pasara que rompió todos los calendarios que marcaban que los días iban pasando. La feliz tenia embargada las lagrimas. La sonrisa se dibujaba en el espejo de color carmín. Las milésimas de segundo parecían milenios en la lejanía.

Se sentó en la playa acariciando las olas, como si al hacerlo borrasen el nombre. Tiró el reloj que marcó tantos segundos al mar con la esperanza de que tal vez, en algún momento olvidaría las caricias que rebasaban ese reloj. La brisa le traía al corazón las caricias que sintió en algún momento en ese mismo lugar. Entonces, se dio cuenta que el príncipe a rayas había partido hacia algún lugar en el que nunca volverían a coincidir, o tal vez, si la vida quisiese si volverían a cruzarse. Pero no tenía la certeza de que el destino fuera tan frágil como para provocar que su alma se rompiese de nuevo. O tal vez sí. La incertidumbre era la nueva palabra dibujada en el cristal empañado del cuarto de baño, ya no había ni corazones, ni sonrisas de carmín. Entonces entendió que algún día, en algún momento escribiria la historia del principe a rayas…

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Carta abierta a…

Un año más, se acaba. Y un año más toca sentarse delante de un papel para llenarlo de los recuerdos de este año que termina en pocos días. Pero, ¿Es posible resumir este año?

Un año lleno de experiencias, de momentos, de minutos que jamás se olvidaran. Un puñado de imágenes dentro de las retinas que hacen recordar que no eres perfecta, un libro abierto que te acompaña guardado en la mochila de la vida. Hay momentos que yacen en la memoria como inaccesibles, como si nunca hubieran ocurrido. Pesadillas de noche que continúan por la mañana y cuyas cenizas son imposibles de soplar, temarios cerrados tras dos años de desgastar los codos y la memoria. Seres a los que sabes que por mucho que pase no vas a olvidar porque dejaron huella, y estuvieron cuando nadie mas estaba. Amores que creías para siempre que acaban tras un viaje con aires de sur. Aires, que recuerdan el significado de la palabra libertad. Y ambos nos damos cuenta que tienes tus manías, esas pequeñas, que creemos invisibles a los ojos ajenos pero que nosotros evitamos controlar cada día. Aquellas personas que se fueron de tu lado soltando la mano, o tal vez fuiste tú quien se soltó de su mano para continuar caminando. Aprendimos que a veces, solo a veces, merecemos que nos quieran y debemos dejar que nos demuestren que somos importantes. Personas con una distancia kilométrica pero que se encuentran guardadas en un pedacito de corazón con las que te reencuentras y abrazas. Ese lugar, que te sirve para evadirte, para perderte del loco mundo que te rodea. Conociste tus defectos, viviste con ellos e incluso intentaste cambiar esos pequeños detalles que te hacían infeliz a ti, o a otros. Algunas veces lo conseguiste, otras… continúas en la lucha. No dejaste que te tiraran y no te cansaste de luchar contra viento y marea unas veces por aquellos a quienes amas y otras simplemente por tus sueños e ideales. La soledad abordó en muchas ocasiones pero supiste convivir con ella e invitarla a un café. Jugaste sabiendo que podias perder, y en el momento del empate tiraste la partida por miedo a que te volvieran a partir el alma, por miedo de nuevo, a quien sabe qué. Porque ahora, vives mejor en tu mundo “en el aire”.

¿Cuántas veces te levantaste por obligación cuando realmente querías hundirte bajo las sabanas? ¿Cuántas veces te preguntaste donde se quedaron tus sueños? Tu conciencia se ha encargado de llevarte por el camino correcto por mucho que hayas querido perderte en él. Reencuentros de amistades que pensabas pérdidas en el universo de los recuerdos. Dejaste de creer en ti, en la vida, en las personas… Dejaste de creer y de pronto, en un chasquido de dedos volviste a creer. Encontraste uno de esos lugares en el mundo en el que te sientes bien, en el que sientes que no renuncias a tus sueños, en el que te gusta lo que haces, y quien sabe qué. A veces, sentiste que el esfuerzo y las gotitas de sudor fueron reconocidos por aquellos que admirabas e incluso por aquellos que te negaban que valías. Perdiste todo, incluso el rumbo, pero jamás te perdiste a ti misma. Tuviste miedo hasta tiritar de ello y cuando pensabas que nada te reconfortaría, algo te reconfortó. Alguien fue esa mano salvadora que estuvo, está y estará. Y te diste cuenta que eres independiente, que no te gusta perder energía. Cuantas veces pensaste que no había salida, y la última llave te dio la clave para abrir la última puerta que creíste atascada. Y te has acostumbrado a las noticias negativas tanto, que cuando te entregan una buena nueva esperas la contraria. Te has acostumbrado tanto al dolor que le has dejado un cuenco de agua para que se sienta como en casa cada vez que aparece. Año de veranos eternos de sol y viajes. De vueltas. De atracción. Y podría seguir diciendo momentos y momentos, y lugares y personas…

Pero este 2015 ha sido y seguirá siendo sin duda: EL AÑO DE LOS CAMBIOS Y EL APRENDIZAJE. No desistas nunca, todo llega cuando tiene que llegar ni antes ni tampoco después.

Fdo: La esencia de ti misma, aquella que nunca se pierde, que esta aunque no aparezca, aquella que guía tus pasos y te sujeta antes de caerte. Carta abierta a ti y a tus lectores.

¡Feliz 2016!