Y nada mas que de ti…

Esas ocasiones en las que sientes que tus engranajes no funcionan,  notas que el reloj de tu vida se mantiene parado, como si no tuviera pilas, pero por más que cambias la pila continua sin avanzar el segundero.  Y miras a tu alrededor mientras que notas que la vida se te escapa entre las manos, notas que tal vez no estás haciendo lo suficiente, tu pasado vuelve una vez más a tu presente, los sueños que sueñas cuando cierras los ojos son aquellos sueños que nunca quisiste volver a recrear pero que sin darte cuenta lo haces una y otra vez.

Tu corazón avanza hacia un sitio, mientras que tu mente lo hace hacia otra dirección totalmente diferente. Piensas que tal vez, el cansancio de las peleas de los buenos días y las buenas noches son los que te provocan esa sensación de inquietud. La quietud desaparecida y buscada por cada rincón es la culpable de esa sensación que te mantiene en vilo. Eres incansable, y lo sabes. Y aunque lo sabes, esa sensación de no saber a dónde vas a llegar, hacia dónde vas o de dónde vienes, porque si, a veces pierdes las migas que dejaste un día por el camino y no entiendes que hiciste en la anterior curva.

Y es que aunque creamos que somos invencibles, todos tenemos días malos en los cuales las nubes se apoderan del sol y la almohada es la única compañía que nos entiende. Las primeras historias, los primeros besos, las primeras vidas, los primeros amigos. Te desvías hacia un camino incierto, que nadie sabe, pero que todos esperan, todos menos tú. Y te tuerces, y te caes porque no entiendes que ocurre, porque no entiendes porque el reloj se ha parado, empujas el engranaje porque quieres que vuelva a funcionar, pero no lo consigues, no hay forma, no consigues comprender en qué momento se detuvo el tiempo, y miras hacia atrás pero no encuentras las migas, una ráfaga de viento se las llevo. La misma ráfaga que te devolvió a la realidad de tus sueños. Sabes, eres consciente que soñar no hace más que hacerte daño, sabes, eres consciente de que la vida no es solamente el sueño de aquello que quiere, de aquello que deseas ni tampoco es el anhelo en el que debes encerrarte, el arrepentimiento dulce de aquel error, el amargor sabroso de aquel mordisco con forma de corazón. Te cansas de buscar explicaciones, te cansas de seguir luchando contra lo imposible, te cansas de soñar con algo que es una utopía, pero sabes que sin esa utopía tu vida no tendría ningún sentido.

Y al final, sigues caminando, perdido, pero sigues caminando, y decides echar una moneda al aire para que ella decida tu destino. Te parece demasiado frívolo y te paras a pensar, pero vuelves a mirar a la moneda y sabes que en el fondo, todo depende de ella, de si cae de canto o de cruz, de si cae de pie o tumbada. Porque al final esa moneda es como tu vida, es como una partida de poker que se juega a una sola mano; todo depende de una carta que no barajeas tu. Y por mucho que no quieras esperar, debes hacerlo porque hay cosas que no solamente dependen de ti. Te miras a los pies y te das cuenta que si hay algo que depende de ti, son los pasos que das, el camino que escoges, y los sueños con l os que sueñas mientras caminas hacia la derecha o la izquierda. Lo que ocurra tras escoger ese camino cierto es que depende de cómo caiga la moneda, pero los pasos que debes dar antes de que eso ocurra, solo dependen de ti. Y nada mas que de ti.

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